“Por cada página que uno escribe, hay que leer por lo menos mil”

José Rafael Rodríguez Pérez, editor y escritor

Nació en San Pablo de Jiguaní, en la actual provincia de Granma, Cuba, en 1983, que antiguamente se llamaba provincia de Oriente. Jiguaní está ubicado a veinticinco kilómetros de la ciudad de Bayamo, cuna de la nacionalidad cubana, porque allí se inició el primer levantamiento contra el dominio español en el siglo XIX y se cantó por primera vez La Bayamesa, devenido en himno nacional cubano.Cursó la escuela primaria en esa misma localidad, en un establecimiento que lleva el nombre de Conrado Benítez García, hizo el nivel preuniversitario en una escuela de campo y ya en su juventud, tras una prueba de aptitud, se decantó por las humanidades y finalmente se decidió por el periodismo, que estudió en la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba. Actualmente vive en República Dominicana donde dirige Río de Oro Editores SRL de la que es fundador, precisamente Jiguaní quiere decir río de oro en idioma arahuaco.

¿Cómo fue tu vida como periodista en Cuba?

Primero me gradué… y después empezaron los conflictos, yo me convertí, de alguna manera en una pieza dañada dentro del sistema, porque allá a los periodistas los distribuyen según decisiones del ideológico del Partido Comunista, porque se supone que las universidades son para los revolucionarios y los periodistas están para defender la ideología, así que los ubican en lugares determinados, yo pedí encarecidamente prensa escrita, y me mandaron a la Agencia de Información Nacional, que después se llamó ACN (Agencia Cubana de Noticias), ahí entré en conflicto con el sistema, sufrí mucho por eso, entonces pedí traslado para mi pueblo, ahí terminé el servicio social, que es otra obligación que se les impone a los universitarios, Y luego, cansado de escribir sin el alma o contra ella, abandoné el periodismo oficialista y me convertí en campesino, pensé que con eso iba a escapar del sistema, pero es imposible, después regresé a trabajar en periodismo cultural, y ahí pude trabajar relativamente bien dirigí varias revistas y me convertí en editor de muchas publicaciones.



¿Cómo fue tu llegada a República Dominicana?


Un profesor muy querido, Eduardo Heras León, premio nacional de literatura en Cuba, dirigía el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, y había hecho un convenio con el Ministerio de Cultura de acá, cuando lo dirigía José Rafael Lantigua.

José Rafael Lantigua, de que cada año viniese alguien de allá a un intercambio, Heras León se puso tan contento cuando le dije que yo había regresado al periodismo, que me invitó a venir a Dominicana a la feria del libro, eso fue más o menos en 2012, a mí me gustó mucho la avidez que vi en la gente de acá y percibí que había muchas carencias, la figura del editor como que no existía… después volví a dar varios cursos y finalmente me quedé como residente. Trabajé para editorial Santuario, para Funglode, para varias revistas científicas y finalmente fundé Río de Oro Editores, en marzo de 2022.


Además de libros literarios ¿escribiste libros de crítica o de ensayo?


En Cuba llegué a armar dos o tres libros de crítica y de entrevistas que hice a varias personalidades, pero no lo termino de sacar, pero sí publiqué un libro con algunas entrevistas que se titula Conversar es amar, que ganó el Premio Nacional de Periodismo 2019 Sed de Belleza, y también un libro de cuentos que se llama El arco de luz, por otro lado tengo otro libro publicado, esta vez en Alemania y que es el tema de mi tesis para graduarme de periodista, el título es Cleva Solís, la otra poetisa del grupo Orígenes, que es una gran poetisa que no es tan conocida porque se movió entre gigantes literarios como Lezama Lima y Eliseo Diego, por ejemplo, pero además ella también tuvo problemas con el sistema así que por eso fue relegada y la condenaron al ostracismo. Ese libro no me lo publicaron en Cuba. Tengo reseñas como para armar varios volúmenes de crítica literaria y ahora acabo de terminar otro que se llama Canción del enemigo, que es para una tesis de una maestría que cursé en la Universidad de La Rioja, en España.


¿Tiene algo que ver esa inquietud literaria tuya con el hecho de que hayas elegido el periodismo?


Yo al principio coqueteé con muchas artes, en casi todas fui un ratito feliz y hasta un poquito brillante en algunas, estudié pintura, estudié arte dramático, hice teatro y estuve en un grupo que se llama Las Avispas, del cual fui fundador, hice cerámica, pero el día que yo escuché hablar a uno de mis personajes, a alguien que yo había creado, me di cuenta de que la cosa iba por ahí, que esa era mi vocación primaria, eso fue como un descubrimiento parteaguas, yo estudié periodismo porque con su dinamismo, con el tema de tratar el lenguaje como si fuera algo contundente, un gran martillo, era lo que me daba la herramienta que yo quiero, pero lo hice pensando siempre en literatura, o sea que esa fue una decisión tomada con absoluta premeditación y alevosía.


Aunque tu trabajo es editar, ¿dedicas una parte importante de tu tiempo a escribir?


Después que fundé la editorial no he podido escribir tanto como quisiera. Editar es un trabajo muy demandante. Y en estos últimos dos años Río de Oro ha publicado casi dos libros y pico por mes. El otro día saqué la estadística y yo mismo quedé impresionado. He trabajado como un condenado de condado. Es una labor difícil, y a mi me gusta tomarme mi tiempo, porque además soy muy puntilloso. 

Sí he escrito muchas reseñas…porque aquí la gente presenta un libro, aparece alguien que habla y la gente se da cuenta de que a veces ni siquiera ha leído el libro, entonces yo decidí crear ese registro. La crítica mía se concentra en los valores, no tiene que ser acabar con el libro, pero tampoco tiene que ser una loa total, así que en mis reseñas la crítica siempre se hace con respeto.


¿Cuáles fueron los escritores cubanos y latinoamericanos que más han influido en tu forma de escribir?


Yo tengo una lista inmensa, Alejo Carpentier, José Martí, Dulce María Loynaz, Martí en el pináculo y Carpentier es alguien a quien siempre vuelvo, por su universo, García Márquez y Vargas Llosa, aunque Vargas Llosa ha influido más en mi forma de hacer periodismo, él escribió un libro que se publicó en 1983, el año en que yo nací, que se llama La verdad de las mentiras, que dice o predice la verdad de los regímenes totalitarios, también puedo citar a Ernest Hemingway, Cortázar, y me faltó un dios, que es Jorge Luis Borges… en mi libro El arco de luz, yo escribí un cuento a lo Cortázar, otro a lo Borges, y en mi novela inédita, he escrito a lo (William) Faulkner, otro dios del que no me puedo olvidar…


¿Crees que hay que leer mucho para llegar a ser buen escritor?


Por supuesto,siempre les digo a mis alumnos que por cada página que uno escribe, hay que leer por lo menos mil de otros autores, sobre todo de los grandes autores, en los cursos que he dictado en diferentes instituciones les digo que cuando aprendan la forma de escribir de los grandes, cuando los hayan comprendido, pueden llegar a dominar la narrativa de lo que sea que necesiten escribir, y también pueden así aspirar a convertirse en escritores.

Siguiente
Siguiente

Ya está abierta la convocatoria del Premio Joven de Literatura 2026